Se ha producido un error en este gadget.

jueves, 5 de abril de 2012


VOLÉ CONTIGO

Volé contigo amor, soñé.
El cielo floreció azul nítido
como vuelo de gaviotas que se marchan.
Con tu aire se apagó mi aire
mis alas resurgieron en la noche
como niña, mecida entre flores.

En mis vuelo cabía el cielo
elevado hacia vientos del Sur
mi voz resonaba entre eco
llamándote, soñando contigo
pero... no me oías.
Entonces, me miró la luna.

Robaron un segundo de tu existencia
para ponerte entre mis brazos.
Fue corto ese instante
con triste y larga despedida
pero apagaría la luz de la luna
para volar de nuevo contigo.

-Elena Sánchez-

Querido padre:
Tengo tanto que agradecerte que no encuentro palabras suficientes para hacerlo. Me trajiste al mundo hace mucho tiempo, fue un nacimiento bello y nítido. Me instruiste en las primeras palabras, a mantenerme en pie, a caminar...Me adoctrinaste con esmero cuidando de mi sin descanso. Fui una adolescente incomprensible a veces, pero perfilaste todos tus esfuerzos para que yo llegase a ser la más destacada, la más bella y todo tu amor se ha visto reflejado en mi. En mi sutil belleza, muchos no han sabido comprender ni tu pensamiento ni los rasgos de mi presencia. No podríamos vivir el uno sin el otro. Si tú no me vistes, me encuentro desnuda, nívea e inerte y tú, sin mí, no eres nada. Nos une toda una vida que al mismo tiempo nos convierte en inmortales. Tu muerte implicaría mi desaparición instantánea de la faz de la Tierra, aunque siempre quedaría mi recuerdo y el tuyo plasmado en la Historia.
Lo que más nos vincula son los recuerdos, los amores sentidos, los momentos nostálgicos y frustraciones vividas por ti en los que me has expresado todo con la mayor sinceridad. Aunque somos dos, somos uno porque estaremos eternamente unidos.
Dedicado a mi padre "el poeta", de su hija "la poesía".





Nunca pensé que siendo occidental, pudiera ser una de ellas. Dejé Europa siendo muy joven para vivir en el mundo del Sol Naciente. Un mundo fascinante, mágico, donde los años de sacrificio son victoriosamente recompensados.
Al atardecer, mientras los hombres de negocios salen corriendo de sus oficinas para dirigirse a las casas de té, yo, mujer de piel pálida y ojos claros que revelan mi europea procedencia, repito la tediosa ceremonia del maquillaje, ocultándome tras la máscara que impide conocer a ciencia cierta mi edad y me convierto, una noche más, en una fantasía de otro tiempo. Envuelta en mi kimono carmesí evoco las virtudes del arte milenario que hace palpitar a toda presencia humana.
La triste realidad de tener que competir por ser la mejor, sin perder el respeto a otras compañeras que como yo, se abren paso como flores de loto, me hizo recapacitar si no era mejor abandonar como algunas lo hicieron. Se enamoraron y tuvieron que decidir si seguir como geishas o casarse. Ambas cosas son incompatibles. Pero al final, pienso que acabar ejerciendo como ama de casa no está entre mis planes.
Me divertí mucho en el taller de escritura, haciendo este microrrelato dedicado al libro. Aunque no soy de matemáticas, lo mío era la literatura, la historia, la geografía...
MI FIEL ALGORITMO

Repleto de signos, símbolos y un conjunto de enunciados entrelazados como líneas perpendiculares permanece adyacente a mi, siempre excéntrico, pero fiel sumando a todas las trayectorias de mis viajes, sin importar los orígenes, las distancias e incluso los puntos de intersección. Tiene un valor absoluto para mi, ya que en esos sucesivos kilometrajes, en decenas de paréntesis, mientras esperaba el tren de madrugada, evaluaba mis diferencias con el resto de los humanos, como si nuestra relación fuese indivisible o permaneciéramos inscritos el uno en el otro, ha sido mi fiel exponente. Siempre yo con mi libro, con su rectangular superficie y su potencia en enunciados, mostrando su identidad, su hipótesis e incluso la razón de su equivalente valor. Pero todo es producto de una serie de factores que el autor simplifica consecutivamente en axiomas parabólicos, conmutativos, e incluso rotativos. Formamos un círculo concéntrico, a menos que un quebrado día por regla de tres resuelva dejarlo olvidado en la mesilla de noche, pero eso es infinitamente incompatible, así que mi porcentaje de consultas a mi unitario libro no se reducirá nunca.